
Amantes de la naturaleza, he aquí una historia para todos aquellos que disfruten
de una buena tarde de parque.
Santiago es una ciudad ruidosa, repleta de edificios, micros, y gente tensa.
Aún así se pueden encontrar ciertos espacios secretos y maravillosos dónde uno
puede respirar, relajarse y aislarse de tanta tensión citadina. Son esos
pequeños parques que abundan en comunas como Ñuñoa y Providencia. Aquí se
pueden hacer paseos, pic-nics o simplemente nada, pastar un rato mirando los
árboles. En períodos como estos, donde el care'gallo pega más fuerte que nunca,
un plan como este no cae nada de mal.
Hacíamos mi muchacho y yo haciendo un estupendísimo picnic, todo perfecto,
pastito, arbolitos, comidita rica y puro amor (vale la pena mencionar aquí un
estupendo grupete de loritos chapoteando en una poza para matar el calor -
supongo que a escala debe ser como meterse a algún lago en el sur). Bueno, la
primavera.
De a poco llegaba más y más gente a disfrutar de este hermoso paisaje
(omitamos la cantidad de seres jugando al balón al lado de nosotros y los casi
desastres pelotísticos debido a la mala puntería de ciertos jugadores),
nosotros conversábamos, sacábamos estupendas fotos y reíamos. A pesar de
nuestros veintitantos el nivel de delirio al que podemos llegar es tremendo,
aún así nos comportábamos como un par jovencillos decentes de paseo.
Como somos una pareja romanticona nos dio por darnos uno que otro beso
mientras yacíamos mirando los arbolitos al viento. Todo perfecto hasta que
vemos aproximarse un muy uniformado (para ser fin de semana) señor guardia.
Todo era tan color de rosas y la gente era tan cordial, tipo día libre rodeados
de naturaleza, que suponíamos nos advertiría de algo como, que se yo, que
prenderían los regadores (hubiera sido perfecto para refrescarse un resto), o
recordarnos de botar la basura en el lugar adecuado, en fin.
Al llegar donde estábamos nosotros dice un poco nervioso: "Chiquillos,
se pueden ir a ponciar a otro lao', porque aquí vienen niños chicos y la gente
nos alega" Nosotros, medio desconcertados solo reaccionamos asintiendo con
la cabeza y en silencio, por mientras él continúa: "váyanse pa' allá al
fondo, ahí pasan piola".
Tremendo, volvimos a los 15...
Par de poncios